King!

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lunes, 3 de agosto de 2015

CAPÍTULO FINAL: Lecciones de Vida / FINAL CHAPTER: Life Lessons



LOS AÑOS INTERMEDIOS


LA ÉPOCA DE HAYVENHURST

CAPÍTULO OCHO: Lecciones de Vida

  
Cuando Michael vio la piscina con los dos delfines en el fondo, no tuvo ninguna duda: Hayvenhurst era su casa soñada –y la habíamos obtenido gracias a la música. Fue en mayo de 1971 cuando nos instalamos en Encino, un suburbio de Los Ángeles en el Valle de San Fernando. En principio era una casa de una sola planta que después Michael remodeló. Su anterior propietario era Earle Hagen, un compositor de música para televisión, por eso la casa contaba con su propio estudio, además de seis dormitorios, piscina, pista de baloncesto y unos 8.000 m2 de terreno. Podíamos nadar en la piscina hasta el atardecer y sentarnos a desayunar en el patio rodeados de naranjos y limoneros. Por primera vez teníamos espacio, éramos 13 personas con las adiciones de Jack Richardson y Johnny Jackson.

La nueva casa era un signo de que estábamos ganando dinero y cada uno recibíamos una paga de cinco dólares a la semana. Michael los gastaba en material de dibujo. También desarrolló una gran fascinación por los trucos de magia. Cuanto más se sorprendía nuestra madre -mientras convertía un paraguas en un ramo de flores y hacía desaparecer una moneda de su mano- más feliz estaba él. 


A pesar de nuestra nueva fortuna, nuestros padres no nos malcriaron nunca. Todavía teníamos tareas. Si alguien nos hubiera visitado cualquier fin de semana, se habría encontrado a Tito y a mí pasando la aspiradora y lavando, a Michael, Randy y a Janet limpiando las ventanas y a Jackie y a La Toya fregando el suelo y recogiendo hojas del jardín.
***

Michael recibió algunas amenazas de muerte, no recuerdo los detalles pero eso fue suficiente para cambiarnos a la escuela privada. No queríamos tentar a la suerte, especialmente después de que una de las Supremes, Cindy Birdsong, fuera atacada y secuestrada en su casa el mismo año en que nos mudamos a California. Tal vez por eso llegaron a casa Lobo y Heavy, dos perros pastores alemanes. Lobo gruñía de tal modo que cada periodista que visitaba la casa lo mencionaba en su entrevista.


  
Tito, Marlon, Michael y yo asistíamos a la escuela Walton en Panorama City. Su actitud liberal nos permitía faltar cuando era necesario salir de gira y nos trataban igual que a los demás. Michael incluso tuvo que hacer una audición para la obra que se representó en el colegio, Guys and Dolls.

Un día estábamos en la puerta del colegio cuando vimos aparecer un coche fúnebre. Un muchacho alto, guapo y con un afro todavía más impresionante que los nuestros salió del coche junto a una persona mayor, creo que su madre, discutiendo que no quería quedarse allí. Entonces se dio la vuelta y vio a Tito. “Espera… ¿todos ustedes están en esta escuela?”

“Sí, todos menos Jackie,” dijo Tito.

Nunca he visto a un chico que cambiara más rápido del enfado a la sonrisa. Antes de darnos cuenta, John McClain, el hijo del director de la funeraria, estaba despidiendo a su madre y pensando que había llegado a la escuela más guay del mundo. Desde entonces se convirtió en amigo nuestro y compartía sus aficiones musicales tocando con Tito, su fascinación por Motown y su lado travieso con Michael. Cuando los dos estaban juntos, el problema era doble.

Una tarde estaba con ellos en el patio de la escuela cuando vi a ese chico, George, en los columpios, a unos 50 metros de donde estábamos. “Te apuesto a que no le lanzas este melocotón a la cabeza y le das!” dijo Michael, retándome y olvidándose de mi puntería.

“¿Cuánto?”

“Dos dólares.”

Hora de jugar. Me dio el melocotón, ajusté mi puntería y… BOOM!

Michael daba saltos arriba y abajo y salió corriendo mientras George se preguntaba quién y qué le habría golpeado.

Pero su mayor broma fue cuando decidieron darle una lección a Sean, un chico algo impertinente. John, sin duda aplicando sus conocimientos en el tema funerario, cavó un agujero en el patio del colegio de poco más de un metro de profundidad. No tengo idea de cómo hicieron para llevarle hasta allí pero Sean –rubio y con un corte de pelo a lo Beatles- acabó de rodillas en el agujero mientras Michael y John lo enterraban lanzándole tierra con los pies hasta el pecho. Entonces salió una profesora.

“¿Quién hizo esto? ¡Sáquenlo de ahí ahora mismo!”

Esa fue una de las pocas ocasiones en que escuché a una maestra estas palabras: “¡Estoy sorprendida contigo, Michael Jackson!”

Michael siempre estaba pegado a mí fuera de las clases, como el pegamento. Una vez que pensé que me lo había conseguido despegar, desaparecí con una chica en el cuarto oscuro de la clase de fotografía. Estábamos allí con la puerta cerrada y a punto de besarnos cuando… “TE PILLÉ, TE PILLÉ!” Gritó Michael súbitamente.

Causó tal escándalo que llegó una profesora a ver qué pasaba y mientras yo trataba de explicarle qué hacía allí, escuché a Michael riendo mientras se iba a toda prisa.

En otra ocasión, estaba yo con una chica en mi habitación del hotel. La cosa se estaba poniendo seria, besándonos y acariciándonos de una forma que yo no creía posible. “Me encanta cómo me acaricias los muslos…” decía… [“Yo no estoy acariciándote los muslos.”] Me las arreglé para echar un rápido vistazo debajo de la cama y fue cuando vi el brazo de Michael saliendo y haciendo círculos con la mano en el muslo de ella.

“¡¡MICHAEL!!”, salté. La chica abochornada y Michael riendo y gateando ya hasta la puerta.
Me negué a hablar con él aquella noche. Cuando apagamos las luces y me dijo buenas noches, no le contesté. Esperó unos minutos en la oscuridad y entonces hicimos las paces. “¡Tenía unos muslos muy suaves!”, dijo. Y los dos estallamos en risas.



***

Cuando actuamos en el Coliseum de Memphis estábamos muy contentos porque eso significaba que no solo íbamos a reunirnos con Rebbie, sino también con su hija, nuestra nueva sobrina, Stacee, de 10 meses de edad entonces. Rebbie condujo desde Kentucky durante la noche hasta nuestro hotel y pidió una cuna para ponerla en la habitación de al lado. Nadie estaba más contento que Michael cuando llegó nuestra hermana mayor y se comportó como el más cariñoso de los tíos. Pasó más tiempo que nadie con Stacee haciéndole reír con muecas. De hecho, no sé quién entretenía más a quién mientras andaban a gatas de un lado a otro. Les dejamos a los dos solos mientras nos fuimos con Rebbie a la habitación de al lado cuando, después de una hora, nos preguntamos, “¿Está Michael todavía ahí?”

Rebbie fue a mirar. Un segundo después se asomó a la puerta, con un dedo en los labios haciendo señales para que nos acercáramos sin hacer ruido y vimos la escena más linda y divertida –Michael se había subido a la cuna, se había acurrucado junto a Stacee y se habían quedado los dos dormidos. Era una imagen angelical. Michael tenía entonces 13 años y ya entonces su empatía, amabilidad y conexión con los niños era siempre una parte intrínseca e inocente de él.

Fuente: aquí

***

Deseas leer otra vez los extractos del libro YOU ARE NOT ALONE. MICHAEL: A TRAVÉS DE LOS OJOS DE UN HERMANO por Jermaine Jackson, aquí los ocho capítulos: 









2 comentarios:

  1. AHHHHH Q BONITO LEER COSAS LINDAS Y DIVERTIDAS DE MIKE!!! ERA UN AMOR Y M GUSTA VER Q TENIAA RATOS D FELICIDAD !!! LEERE LOS DEMAS CAPITULOS :) GRACIAS GEMY ATTE DIANA...

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  2. Es muy hermoso leer bonitas anécdotas sobre Michael nos hace conocerlo un poquito más por eso me encanta subir anécdotas, recuerdos y demás. Oh que bien, espero que disfrutes los extractos del libro. Saludos ( ͡° ͜ʖ ͡°) ✋

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