King!

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miércoles, 30 de julio de 2014

Tommy Sims, recuerda cuando trabajó para Michael Jackson / Tommy Sims, recalls working for Michael Jackson


Durante 20 años, Tommy Sims peinó y maquilló a muchas estrellas, el más famoso fue Michael Jackson.

Tommy Sims conoció a Michael Jackson a finales de 1970.

Un representante de la compañía productora de Jackson llamó a Sims de la nada y le preguntó si quería ayudar con algunos diseños para la próxima gira Destiny de los Jackson. Así que él se encontró que tenía que salir con la joven y ascendente estrella, rebotando ideas de un lado a otro y haciendo bocetos de peinados y pelucas. Acababa de salir de la escuela de secundaria.

Suena como una entrada abrupta en el mundo de Hollywood, las celebridades y la moda, pero Sims no fue ajeno a la escena. Una tercera generación de Los Angeleno, él comenzó a modelar cuando tenía seis años y en el momento en que él estaba en secundaria sabía que quería ser peluquero. Le encantaba cantar, pero había visto lo suficiente de la vida de Hollywood para darse cuenta de algo que se repite a menudo: "Me hacen rico, no famoso."

Si eso parecía poco probable en su nivel "Nunca pensó que iba a poder hacer de peluquero porque odiaba levantarse y odiaba ir a trabajar" Sims tenía talento y un buen ojo. "Me gustaría dar la vuelta a las ventas y comprar pelucas viejas y repararlas y cada drag queen en West Hollywood los compraría."

Su carrera despegó en la peluquería, cuando fue a trabajar en el salón de las celebridades de Beverly Hills con el estilista Tovar. Fue asistente de Tovar (como Madonna y Prince, Tovar sólo fue un nombre), y se hizo cargo de la clientela de celebridades después de que Tovar muriera.

Entre ellos se encontraba Bette Midler, quien un día alrededor de 1980 pidió a Sims si la maquillaba y peinaba. " 'sí' venga," dice riendo. Ella le ofreció un trabajo peinando y maquillando en su próxima gira y Sims se lanzó en una nueva carrera que le veía viajando por todo el mundo, como parte de la comitiva de una serie de estrellas del mundo del espectáculo.

Pero antes de nada, llamó a todas las mujeres que conocía y le pidió lecciones en el arte de aplicar el maquillaje.

Él dice que ahora había reconocido que vivir esa vida no era para él. Aún así, como su propia fama creció, lo usó para cobrar
$ 800 para un corte de pelo. "Cuando entré en la sala de estar, me aseguré que mis precios eran superiores a cualquier otra persona. Yo no estaba buscando construir una clientela ".

La gira con Bette Midler fue una plataforma de lanzamiento para él, y él se hizo conocido por sus diseños de pelo salvaje. Era la década de 1980, y Sims le encantaba trabajar con artistas como Midler que se deleitaban en la adopción de diseños muy por encima.

Realizó diseños para los hombres del espectáculo de Las Vegas Siegfried y Roy, los ilusionistas de los campamentos alemanes famosos por su extravagancia y tigres blancos, y volaba a Las Vegas para trabajar cada noche en dos espectáculos para ellos.

Mirando a través de su grueso libro de recuerdos de fotos y recortes que documentan su carrera en el mundo del espectáculo, Sims señala un postizo torre que diseñó para un actor principal en el show de Siegfried y Roy. Fue construida de tres pelucas, una elaborado collar que compró en una boutique en la avenida Melrose en Hollywood y un "pedazo que encontró en Tailandia."

"No es el tipo de maquillaje que te pones en la calle. Es completamente sobre la parte superior y eso es lo que me gusta",
dice.

Entre las giras, conciertos de salón de invitados, trabajo para empresas de productos de pelo y celebridades incluyendo a Farrah Fawcett, Raquel Welch y Kylie Minogue, su asociación esporádica con Michael Jackson fue su más larga y plena.

En Jackson, encontró un colaborador dispuesto por sus visiones teatrales. "A Michael le gusta la naturaleza, tanto más salvaje, mejor", dice, e intérprete impulsado a quien le encantaba estar en el escenario y entretener.


 El último trabajo de Sims para Jackson era el cabello y maquillar para la gira History en 1996-1997, que él llama "la cosa más emocionante que he hecho en mi vida." La gira de 82 conciertos duró un año, visitó 58 ciudades en 35 países de los cinco continentes, y fue visto por más de 4,5 millones de personas. Michael dijo. "Vamos a ver a 150.000 personas en el estadio de Wembley hoy! "

Sims fue maquillador personal de Jackson y supervisó el equipo de maquillaje y cabello, estaban aplicando sus diseños "manteniendo todo bajo control, asegurándose de que cada uno estuviera haciendo su trabajo a la perfección."

Una gran parte de su tiempo en la gira fue ir de compras. Preguntado para describir un día típico, se ríe: "Shop, tienda, tienda, tienda. Porque, ¿quién sabe cuándo vas a volver allí?

"Me gustaba salir y me gustaba encontrar una pieza de joyería o una chaqueta nueva. Michael decía: "¿De dónde sacaste eso?"

Sims finalmente tuvo que explicar que no podía permitirse el lujo de entregar todas sus compras, por lo que en vez de eso se convirtió en parte de su trabajo ser la tienda de Jackson. Una vez, se vio volar de regreso a Polonia, la anterior parada en la gira, para comprar otra chaqueta que Jackson había admirado.

Él acompañaba a Jackson en los viajes de compras también, aunque "salir con Michael no es un placer; es un trabajo real. Estás atrapado en la multitud, no te puedes mover, la seguridad es muy estrecho. Nunca se sabe lo que los fans son capaces de hacer. El temor de que pase algo cuando hay mucha gente es un verdadero despertar ".

Ese sabor de los inconvenientes de la fama fue uno de los factores detrás de la eventual decisión de Sims de mudarse a Nueva Zelanda.

Su casa en las colinas de Hollywood estaba en una calle privada, y sin embargo, los fans de Jackson enseguida "se congregaron en la parte trasera de mi coche, pusieron osos de peluche, flores, juguetes de Michael en el auto ".

Le resulta increíble que podría ser acosado sólo a causa de su asociación con Jackson. "Quiero decir, en serio, soy un artista de maquillaje."

Pero entiende la pasión que Jackson inspiraba, llamándolo "uno de los seres humanos más increíbles que he conocido en mi vida", y admitiendo que Jackson era la única celebridad que se sentía cautivada por la fama alrededor.

Sims creció escuchando las canciones de Jackson como Ben y Going Back to Indiana, pero dice que no dejó que eso influyera en su trabajo o relación con Jackson.

"Por supuesto, yo nunca lo dije, porque no es profesional y haría que todo el mundo estuviera incómodo."

Sims visitó por primera vez Nueva Zelanda con la familia en 1980. Regresó aquí en la gira HIStory, y se trasladó aquí en 2000 de forma permanente con su socio, el abogado Richard Hunt, cuyos padres, Sally y Robert Hunt, fundaron el refugio de lujo Paratiho Lodge, cerca de Ngatimoti.

Una vez que se completó la casa de campo, Sims y Hunt se mudaron a su propia casa en el Valle de Sydney pequeño cerca Riwaka, donde hay un montón de espacio para el crecimiento de la casa de fieras de Sims. Había mantenido animales en Los Angeles, pero tuvo que dejar a sus tres grandes loros guacamayos que se quedaron en el rancho de Neverland de Jackson.

Sims había estado con Hunt desde que tenía 17 años y dice que cuando Hunt murió en 2005, él quería deshacerse de todo lo que le recordaba a su vida juntos. Pensó en regresar a Los Angeles, pero se dio cuenta de la ciudad fue el telón de fondo es Su larga asociación también. Trece meses después de la muerte de Hunt, Robert Hunt que Sims se refiere como "papá" también murió.

Sims dice que cuando él y Richard Hunt se mudaron a Nueva Zelanda, que había sido la de retirarse, pero cuando su compañero desaparecido, él se encontraba aburrido. Trabajó en los salones y en Mapua Nelson, Motueka y en una oficina de bienes raíces, pero "yo no disfrutaba de ello. No soy una persona de oficina, yo soy un artista ".

En abril de este año compró Costa Roast, un negocio de comida para llevar comida asada en High St. de Motueka Él y Hunt había sido uno de los primeros clientes cuando el anterior propietario abrió el negocio en 2004 y se convirtió en su "mayoría de los clientes regulares."

"Estoy haciendo exactamente lo que quiero hacer. Me sentí como en mi última vida era todo sobre el dinero y la publicidad, pero aquí estoy en el modo de ayuda'. Ahora, soy un miembro de la comunidad de Motueka y nunca he sido más feliz."

Después de un cuarto de siglo de vida del jet-set, ¿el glamour, los viajes, las fiestas, ir de compras? Sims, quien recientemente cumplió 50 años, admite que echa de menos aspectos de la misma, pero no se arrepiente. "Eso sería como decir, '¿quiero tener 30 años menos?"

Él está en una etapa de la vida que puede saborear sus experiencias con el rey del pop. "Mi vida con Michael Jackson fue un regalo"

Fuente: Stuff.co.nz


lunes, 28 de julio de 2014

Michael en Rock-afire Explosion Factory / Michael Rock-afire Explosion Factory








Michael realizó un recorrido por la fábrica de Rock-afire Explosion (una fábrica para la producción de robots animatronics) y conoció a la banda! Rock-afire fue la "banda" de Showbiz Pizza Place, una popular cadena de restaurantes durante los años 80. La banda de animatronic consistía en robots animales de tamaño natural programados para realizar canciones pop actuales, melodías populares y composiciones originales.
Las canciones de Michael aparecieron en una grabación de vinilo Rock-afire liberada. 




La banda tocó canciones de Michael, en Mayo de 1988, para Showbiz Pizza Place.




Judd Lander: Yo trabajé con Michael Jackson / Judd Lander: I worked with Michael Jackson

Judd Lander era director de publicidad de Epic UK en el 79, año en que se publicó Off the Wall. A continuación relata su colaboración con el Rey del Pop durante sus primeros años de fama, desde la visita a Buckingham Palace, hasta cuando iba de compras por Camden o el día que conoció a Paul McCartney.

Un tipo llamado Steve Popavich, un alto ejecutivo de Epic Records que trabajaba en Nueva York —un relaciones públicas mítico— me llamó para decirme que acababa de firmar con la familia Jackson, después de arrebatárselos a Motown (le gustaba contarme todos los chismorreos del mercado americano). La primera vez que coincidí con Michael fue en el 78, cuando los Jacksons regresaron de la gira Destiny, la última que realizó con su familia, si no recuerdo mal. Al cabo de un año, Michael empezó su carrera en solitario, vino por aquí y, como lo conocía, se lo presenté al personal de la discográfica, como solía hacer con los artistas nuevos, aunque Michael ya era increíblemente famoso en aquel momento. Recuerdo que se lo presenté a todo el mundo (¡cómo olvidar la cara de susto del chico de posproducción al tener ante sí a tan ilustre icono!). Pero él se mostraba siempre encantador con todo el mundo.
 


Era genial trabajar con Michael. Siempre viajaba ligero de equipaje. Quiero decir que, después de las entrevistas, solíamos acabar solos él, un servidor y su guardaespaldas, un tipo canijo y modesto. Preferíamos usar un coche pequeño, pasando de limusinas: discreción por encima de todo. El otro día, charlando con sus sobrinos, los 3T, justamente les contaba que una vez, pasando frente al Buckingham Palace, de camino a unos estudios de TV en South Bank, vi que la bandera estaba arriada. Michael no sabía qué significaba y le expliqué que era porque la Reina no estaba en casa. Cada vez que volvía a Londres y teníamos que acudir a alguna entrevista en la tele me decía: “Judd, ¿podemos pasar por el palacio?” Pasábamos frente a él y se burlaba de mí con aquella risita tonta: “¿Crees que podríamos entrar y tomar una taza de té?”. Tenía un gran sentido del humor. Si nos aburríamos en Top Of The Pops, yo solía hacer algún truco de magia para relajar el ambiente y a él le encantaba. Otro día acudimos a una entrevista en Capital Radio, que en aquella época tenía su sede en la Torre Euston. Llegamos con tiempo, soy un maniático de la puntualidad, así que pasamos de largo y vimos a un mogollón de niños; era justo cuando acaban de exponer la estatua de Michael en el Madame Tussaud. Había miles de niños frente a la emisora, rodeados de policías y agentes de seguridad. Dimos la vuelta al edificio y aparcamos en la parte posterior, junto a la esquina de una plaza llamada Laurence Corner. Teníamos diez minutos libres y nos quedamos allí de palique, cuando Michael vio una tienda y me preguntó qué era. Le dije que era un sitio donde vendían cosas militares: ropa, recuerdos, etcétera. Le apeteció entrar y como no había moros en la costa le dije que sí, pero que cinco minutos, que teníamos que llegar a tiempo a la radio. Así que entramos y dentro había una chica bellísima observando la multitud. Al verme entrar con Michael y el guardaespaldas se quedó de piedra. Nunca olvidaré aquellos ojazos clavados en él. Tuve que decirle: “Michael, dile hola o algo”.

“Hola, ¿podemos echar un vistazo?”, le dijo. Ella se quedó embobada mirándolo y asintió lentamente. Así que nos pusimos a curiosear y él empezó a comprar cosas —montones de cosas— y yo detrás recogiéndolas todas. Se enamoró de un sombrero colonial blanco con plumas, pero el dueño dijo: “No, este un artículo especial de colección”. Respiré hondo y le dije: “Oiga, ¿usted sabe con quién está hablando?”. Pues no, no tenía ni idea de quién era Michael y se negó a vendérselo. En fin, pagamos las compras, nos metimos en el coche, hicimos la entrevista y ahí acabo todo. Unos años después le conté esta historia a alguien y un tipo de la televisión decidió averiguar quién era aquella chica, ¡y la encontró! Había pasado ya de los cuarenta y había formado una familia. Nos encontramos en la tienda, que se había trasladado a Camden, y me contó lo que pasó: al parecer estuvo mirando entre la multitud con la esperanza de vislumbrarlo entre la gente, cuando de repente Michael entró en la tienda, ¡y le firmó un autógrafo! Él siempre era muy amable.

Una vez, durante la grabación de Off The Wall, estábamos charlando y oímos por la radio a Paul McCartney, con quien yo había colaborado como músico de sesión (también toqué la armónica en Karma Chameleon y para las Spice Girls, pero eso es otra historia). En fin, en aquella época conocía a un montón de gente y hacía todo tipo de cosas. Así que estábamos en Soho Square y en Sony/CBS hablaban de McCartney, y le dije: “Parece que tenemos a Paul aquí al lado”. Y él me dijo: “Judd, me encantaría ver a Paul McCartney”. Así que llamé a Paul y resultó que, efectivamente, se encontraba en los estudios que había justo enfrente de donde estábamos. “¡Oh, dile a Michael que venga!”, me dijo Paul. Así que cruzamos Soho Square y nos encontramos con Paul y Linda —una mujer fantástica—. En seguida hicieron buenos amigos. Obviamente, aquello fue antes de que Michael comprara el catálogo de los Beatles… Y, cómo no, acabaron haciendo Say Say Say y The Girl Is Mine.

Michael era un hombre realmente brillante, además de listo y afectuoso. Charlaba con todo el mundo que conocía y siempre hacía bromas, era muy divertido. La última vez que lo vi antes de su muerte fue en los World Music Awards, o quizá fuera en los BRIT Awards. Se me acercó y lo primero que dijo fue: “¡Hey, Judd!, has subido unos kilitos, ¿eh?”. Siempre divertido. Era un encanto. Tenía sus problemas, claro (por ejemplo con su padre, un tipo muy exigente), pero se esforzaba en superarlos. Así es la vida. Lo cierto es que era un placer trabajar con Michael y también pasar el rato con él. Era buen hombre y muy divertido, sabía cómo tratar con la prensa. En este aspecto era realmente único, ¡acordaos si no de la máscara de oxígeno! Alucinaba viendo como jugaba con los periodistas (y con todo el mundo). ¿Y por qué no?... Qué listo era.

Dejé Epic y me fui a trabajar a Motown un par de años después de que saliera Off The Wall. 

Coincidí de nuevo con Michael en el 25 aniversario de Motown, en Pasadena. Habían montado una gran fiesta y querían reunir a todas las grandes figuras aquella noche. Todos los Jacksons confirmaron su asistencia salvo Michael, que estaba de gira en solitario. Él propuso tocar un par de canciones, a condición de que pudiera cantar su nuevo single, Billie Jean, a lo que Berry Gordy se negó rotundamente. Pero Michael le estuvo dando tanto la lata que Gordy acabó aceptando. Michael acaparó todo el éxito con ese tema. Imaginaos la escena: el auditorio al completo —toda la gente de Motown, los Jacksons, Diana Ross y las Supremes— y de repente aparece él, solo, se enciende el foco y empieza a hacer el moonwalk. Era la primera vez que lo hacía. La sala se vino abajo.

En aquella época la música era un negocio boyante, se ganaba un montón de pasta y el botín daba para todos. Tan solo mis gastos superaron el millón durante el primer año. Eh, pero es solo rock and roll (hoy en día tienes que pedir autorización para que te den una bolsita de té…). Aquellos tiempos no volverán, pero me siento muy feliz de haber podido compartir tantos momentos fantásticos con un hombre realmente increíble.